Matinofobia
Hay algo curioso en leer el periódico y en descubrir porqué están hechos de la forma en que lo están. Cosas serias primero y chorradas al final. Yo rara vez recuerdo los detalles de lo que he leído, y nunca (o casi nunca) de la primera mitad del periódico; lo que me lleva a pensar que los cerebros de la humanidad (o al menos, de los que leemos el periódico) se despiertan en este momento, y que todo lo que hemos hasta ese momento ha sido por instinto y por meros actos reflejos.
Esta mañana leía una columna de Lucía Etxebarria
diciendo que se drogaba a base de Red Bull (Light) y de chocolate Nestlé (ambas marcas deben patrocinarle, con toda seguridad) y me he dado cuenta de que me gusta cómo escribe esta chica. No lo que cuenta, si no cómo lo cuenta. No creo que las historias de sus libros sean brillantes (ni siquiera que sean buenos), pero en cambio me gusta cómo es capaz de crear una columna que parte de la nada y que no te lleva a ningún sitio. Es todo un arte.Después de dedicar a Lucía unos 3 o 4 minutos de mi valioso tiempo a esas horas de la mañana, he terminado mi café (malo) marca Acme y mi zumo naranja Pascual y, antes de que el personal de un edificio de 9 plantas al completo me sodomice (o al menos lo intente), he intentado convertirme en Lucía y escribir un post que parta de muy poco y que te lleve a casi ningún sitio. Creo que la diferencia es que yo he madrugado.

